sábado, 1 de julio de 2017

Más muertos en el Mediterráneo.


30.06.2017 - Unos 60 migrantes fueron declarados desaparecidos tras un naufragio en el Mediterráneo, frente a las costas de Libia, indicó la Oficina Internacional para las Migraciones (OIM).

La lancha neumática, con cerca de 150 migrantes (hombres y mujeres) empezó a hundirse después de cinco horas de navegación, según contaron en Italia algunos de los 80 supervivientes rescatados, dijo el portavoz de OIM.

“No saben cuánto tiempo pasó antes de que llegara ayuda. Muchos de ellos se aferraron al bote hasta que un buque logró rescatarlos”, explicó a la AFP Flavio Di Giacomo, vocero de la OIM.

Más de 10.000 personas han sido rescatadas frente a las costas de Libia desde el domingo pasado (25.06.2017), en una de las mayores oleadas de migrantes provenientes de África y Medio Oriente.

Los guardacostas italianos coordinan las operaciones de rescate en el Mediterráneo, y la mayoría de los migrantes rescatados suelen ser transportados a puertos italianos, de donde son repartidos a los varios centros de acogida de la península, que se encuentran saturados.

Se calcula además que unas 2.100 personas se han ahogado en el Mediterráneo en lo que va del 2017 mientras intentaban entrar a Europa a través de Italia.

Agobiada por la crisis humanitaria, Italia pidió ayuda a las autoridades de la Unión Europea y amenazó con impedir la entrada a sus puertos de los buques con bandera extranjera que transportan migrantes rescatados en el Mediterráneo.

La Comisión Europea llamó a Italia a dialogar con el resto de los países del bloque antes de cumplir su amenaza.

jueves, 15 de junio de 2017

100 familias concentran el 10% de la riqueza argentina.


En 2016, la riqueza privada global creció un 5,3%, y América latina fue, a pesar del magro crecimiento económico de sus países, la segunda región con más aumento de las fortunas personales (9% interanual). Este crecimiento fue mayor al del año anterior, que había llegado al 6,3%. Los datos surgen del informe "Global Wealth" de Boston Consulting Group (BCG), que destaca que esta riqueza privada global asciende a u$s 166,5 mil millones.

En el caso de Argentina, "el crecimiento de las fortunas familiares fue mayor al 10% el último año, como consecuencia de la revalorización de activos financieros en el exterior más que por la creación de nueva riqueza en el país", explica Jorge Becerra, senior partner de BCG y co-autor del informe.

Actualmente, "unas 106 familias argentinas concentran casi el 10% de la riqueza privada del país", señaló Becerra. "Son aquellas que tienen más de u$s 100 millones en activos líquidos (sin contar propiedades) y hay unas 45.000 familias que tienen más de u$s 1 millón".

Gran parte de estas fortunas -un 60% de acuerdo al informe de la consultora-, está depositada e invertida en el exterior. "Esto ocurre por falta de confianza en el sistema institucional, y no significa necesariamente que se encuentre en paraísos fiscales", aclara Becerra y señala que "esta situación no ha cambiado mucho desde el "blanqueo", ya que gran parte de lo que se declaró no fue repatriado".

Esta es una gran diferencia con otros países de la región. "En Chile, por ejemplo, sólo el 7% de los activos financieros de las familias están depositados en el exterior", apunta el consultor. "Sin embargo en Venezuela, el 80% de las fortunas personales están resguardadas fuera de ese país".

Dentro de la región, los países donde las fortunas personales más crecieron fueron Colombia (14%), México y Brasil (10% en cada caso), alcanzando una cifra de u$s 5,4 mil millones.

El informe de Riqueza Global se realiza anualmente desde hace 17 años, y es la primera vez que la consultora desagrega los datos de Argentina "dado que hasta 2015 las estadísticas nacionales no eran confiables y recién a partir del año pasado pudimos realizar una medición precisa", apunta el consultor.

Un dato a destacar es que, si bien en el mundo la riqueza privada crece y se amplía la brecha entre las familias que más y menos tienen, Argentina no está entre los países con peor distribución del ingreso, dada la tradicional importancia de su clase media. Colombia, Chile y Perú, por caso, presentan una concentración aún mayor, ya que las cien familias más ricas concentran más del 15% de la riqueza de estas naciones.

Por último el informe destaca que Asia - Pacífico es la región del mundo con mayor crecimiento de la riqueza y en 2017 sobrepasará a Europa occidental y Estados Unidos.

FUENTE: EL CRONISTA

domingo, 28 de mayo de 2017

Cerdos voladores frente a la Torre Trump.


Por estas pampas se dice que "es difícil que el chancho chifle" o que el dólar bajará (su cotización) el día en que "las vacas vuelen". En Estados Unidos muchos ciudadanos pensaban que un personaje como Donald Trump, menos diplomático que mediático, sería presidente cuando los cerdos volaran… y sucedió.

Ahora, una firma de arquitectos, New World Design Ltd, dirigida por Jeffrey Roberts, pretende crear una instalación con puercos voladores frente a la Trump Tower en Chicago, aludiendo precisamente a tal idea: si hoy el magnate es el líder de Estados Unidos, entonces también estos animales pueden volar.


“Flying Pigs On Parade” constaría de cuatro globos de oro con forma de cerdo que se situarían frente a la fachada de la Torre Trump. Visualmente, la instalación está inspirada en el arte del álbum “Animals” de Pink Floyd, que en sí es un homenaje al libro “Rebelión en la granja” de George Orwell. 

Roberts y su equipo de arquitectos están recaudando donaciones para ayudar a pagar los costos, incluyendo fabricación de globos, técnicos especialistas, alquiler de barcazas, aparejos, costos de preparación, seguridad y permisos. Si estás interesado, podés donar en www.flyingpigsonparade.org.

miércoles, 17 de mayo de 2017

La postverdad.


La técnica de la postverdad transforma la opinión pública en un mar de mentiras donde a la deriva los ciudadanos. ya no tienen de dónde aferrarse.

Obama falsificó su partida de nacimiento y no es norteamericano. Además, fundó EI junto con Hillary Clinton. El reciente y frustrado golpe de Estado en Turquía fue promovido por la CIA. El Brexit (British Exit) logró que Inglaterra no sufriera la anexión de Turquía a la Unión Europea, llenándola de inmigrantes. Nada de todo lo anterior es cierto pero se repite como verdades en los países citados: son postverdades. Así las calificó la revista The Economist en su nota de tapa titulada “El arte de la mentira: la postverdad política en la era de las redes sociales”. Son mentiras en las que muchos quieren creer porque resultan funcionales a sus prejuicios.

Siempre hubo mentiras en política, y antes de que se crearan las redes sociales ya se había logrado viralizar con éxito la creencia de que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva, y mucho antes Hitler convenció al pueblo alemán de la “amenaza judía”. Pero en el pasado las grandes mentiras eran una construcción nacional que sólo podían ser creadas por los aparatos de propaganda estatales. Mientras que la actual fragmentación de las fuentes de información, especialmente las promovidas por las redes sociales, permite mentir en gran escala a provocadores, agitadores, mercenarios y activistas, ya sea para sí mismos, como Trump, al servicio de una facción, como Stiuso (cuya declaración de febrero en la Justicia se difunde ahora como un hecho nuevo), o de una organización rentada o amateur, como los K, los anti K o el Tea Party en Estados Unidos. A una velocidad nunca vista, las redes sociales crean un mundo atomizado donde el rumor y el chisme no se diferencia de los hechos, haciendo que mentiras convertidas en verdades transformen en disfuncional el sistema político.

Y cuando la política se transforma en lucha libre, todos los ciudadanos pagan su costo. La técnica de la postverdad transforma la opinión pública en un mar de mentiras donde a la deriva los ciudadanos ya no tienen de dónde aferrarse. La era de la postverdad puede llevar al mundo nuevamente a la opresión del pasado, escribió The Economist.

Ya antes de morir y de que el fenómeno tuviera el alcance actual, Umberto Eco se refería desdeñosamente a las redes sociales diciendo que eran el único lugar donde tenía la misma relevancia la opinión de un Premio Nobel que la de un alcohólico del bar de la esquina, siendo una fuerza corrosiva que podría destruir la confianza popular en la opinión de expertos e instituciones establecidas.

Para The Economist, cuando los políticos tratan de responder con hechos la equivocación de lo que se difunde por las redes sociales, no comprenden que la política de la postverdad ya no precisa basarse en evidencias. Cuando Trump dice lo que dijo sobre Obama o los Clinton, no busca convencer a una elite, sino reforzar las creencias de los despolitizados que se guían por emociones, haciendo difícil combatir la postverdad con la “proverdad”.

La clave no es que sea cierto sino que se “sienta cierto”(The Economist)

El gobierno argentino es un gran ejemplo. Resulta paradójico verlos enamorados de las redes sociales y sin la necesidad de depender de la intermediación del periodismo profesional para comunicarse con la sociedad. Ya esa falta de intermediación los hará blanco del errático e histérico humor de las masas que hoy creen controlar. Mientras la Unión Europea penaliza a empresas como Google o Facebook y les hace pagar compensaciones a los medios periodísticos por la utilización de sus contenidos, frívolamente el gobierno argentino coloca publicidad oficial en Google y Facebook, que justamente no se ven a sí mismos como empresas incluidas en la responsabilidad social del periodismo, sino como empresas tecnológicas basadas en algoritmos que usan para determinar qué (y qué no)informar.

Más grave aún es que el Gobierno se enamora de esa herramienta como forma de construcción de la realidad y en un in crescendo pasa de las fotos del perro Balcarce a repetir el beso de Juliana y la bicicleta de Macri en sus viajes, para terminar este viernes fabricando una puesta que ya incluye al público en forma de actores, como denunció ayer el diario Página/12 mostrando que el viaje en colectivo de la línea 520 del partido bonaerense de Pilar divulgado por el Gobierno no fue espontáneo, sino que los pasajeros que acompañaron al Presidente fueron elegidos.

El mismo día, en el Centro Cultural Kirchner, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, reunía a mil voceros y encargados de prensa de las áreas oficiales para coordinar la comunicación del Gobierno, diciéndoles: “Ya no se puede bajar una línea pasiva, hoy se trata de la interacción, con los timbreos o las redes (...) ya no es posible comunicar como hace veinte años, cuando no había estos avances tecnológicos. Estamos haciendo algo que nunca se hizo. Nadie trabajó la comunicación pública como ahora”.

Sentimientos, no hechos, se utilizan para crear una falsa visión del mundo.

Se podría decir que Cambiemos es “un gobierno para celulares” que coloca en el centro de la acción política la comunicación, igual que el kirchnerismo, simplemente que este último se apropiaba de los medios tradicionales y Cambiemos utiliza los nuevos medios.

En su presentación, Marcos Peña dijo: “Los temas que aparecen en los medios no son los temas de la gente”, revelando una disputa por la construcción de la agenda comunicacional que pretende instalar desde las redes sociales.

“Los cambios en la forma de contar lo que ocurre son una consecuencia de que cambió la forma de hacer política”, sintetizó el jefe de Gabinete. Ojalá sea así y no estén invertidas causa y consecuencia, haciendo que el cambio de la forma de hacer política sea el cambio de la forma de contar lo que ocurre y de seleccionar (o producir) qué es lo que ocurre. Por ejemplo, vecinos del Conurbano alegres de compartir el colectivo con el Presidente.

Jorge Fontevecchia.

martes, 2 de mayo de 2017

La pos-tverdad y la meta-mentira.


“Cuando se habla de post verdad, hay ya una leve insinuación –irritante- de que antes la cosa pública era más verdadera. Como si Trump hubiera ganado porque encarna la mentira y Hillary perdido a pesar de representar el núcleo sacrosanto de la verdad”.

Llegué a vivir a Estados Unidos el año 2007 y me acuerdo de dos palabras que me parecieron nuevas y curiosas, repetidas con insistencia en los medios norteamericanos en ese entonces: Facebook y Obama. Los dos fenómenos parecían estar naciendo juntos y aunque no tenían nada que ver -uno era un sorpresivo precandidato demócrata con ciertas posibilidades y lo otro una emergente network en la web- no imaginábamos cuán entrelazados estarían.

A Obama salimos a celebrarlo a la calle cuando fue elegido el 2008. Mis hijos han crecido bajo su administración, al mayor incluso le tocó bailar Let´s Move con Michelle Obama en el colegio y yo me encontré al mismísimo POTUS en una pichanga del barrio cuando él veía jugar a su hija Malia. Pero la principal cercanía con Obama se fue construyendo de tanto verlo en los medios y en las redes sociales: jugando básquetbol con sus subalternos, bailando con Michelle, con guaguas en brazos, comprando en el negocio de la esquina, riéndose en la fila, bromeando con Jimmy Fallon, a punto de atrapar a Osama. Todas, escenas registradas y amplificadas sin fin por las nuevas redes de comunicación: Facebook, Twitter, Instagram, Snapchat, Reddit, podcasts, streaming, no hay plataforma que el equipo comunicacional de Obama no haya aprovechado. Mi hija llegó a pensar que lo mío era infidelidad matrimonial de tanto que lo admiraba, como si de verdad hubiera entrado en nuestra casa. Y demás está decir cuánto lo extrañaremos ahora que nos deja.

Facebook, por su parte, desde el 2007 hasta ahora pasó a dominar el mundo con más de 1700 millones de usuarios. Con ese nivel de influencia son muchos los que acusan a la red del triunfo de Trump. Y más grave aún: sería Facebook el principal responsable de habernos instalado en “la era de la post verdad”, una nueva cultura política en la que dejan de importar los hechos y los “asuntos públicos” para darle paso a un ambiente donde la información rápida, muchas veces tergiversada o de frentón falsa, construye emociones colectivas (basadas en desinformación) que le dan forma a la opinión pública, lo que explicaría fenómenos como Trump o Brexit. En este terreno, supuestamente, la mentira campearía como nunca antes.

Como se dice en el poker, dudo.

Cuando se habla de post verdad, hay ya una leve insinuación –irritante- de que antes la cosa pública era más verdadera. Como si Trump hubiera ganado porque encarna la mentira y Hillary perdido a pesar de representar el núcleo sacrosanto de la verdad.

La columna vertebral de Trump está a la vista. Sus modos, su ambición, lo que lo mueve, hasta su narcisismo está nítido y expuesto. Es machista, homofóbico, retrógrado, imperialista, egótico, loco, racista y no lo oculta. Y en eso hay una virtud comunicacional muy fuerte. Trump tiene una resiliencia que para mi gusto tiene más que ver con la verdad que con la mentira. Trump no disminuyó su apoyo cuando apareció en el video grab-them-by-the-pussy, porque a nadie le sorprendió verlo hablar así. Lo que vemos es lo que hay. Es el mismo estilo con el que encaró los debates, el mismo modo con el que les puso sobrenombres a los 11 precandidatos republicanos que se echó al bolsillo, el mismo matón de camarín que no pretende ser algo muy distinto cuando se enciende la cámara. Trump aun no muestra su declaración de impuestos y da lo mismo: la opinión pública ya sabe que Trump ha hecho todas las martingalas posibles para tributar el mínimo. Si hasta lo dijo él a la prensa con orgullo, cuando le insinuaron que evadía impuestos con trucos legales: “Eso me hace astuto”, replicó.

Es como la paradoja del mentiroso: hasta cuando dice que miente sabemos que está mintiendo, entonces alguna gente al final le cree, aunque sea mentira, porque de alguna manera es verdad. Que nadie diga que no hay autenticidad en Trump. Auténticamente tramposo, claro está, pero en el meta nivel, si existe algo así, es auténtico.

¿Alguien cree en cambio que los Clinton representan la era de la verdad en la política? Hillary podrá haber tenido mejores ideas para el país, -voté por ella- pero han existido pocos candidatos que han llegado tan lejos con esa incapacidad de transmitir un solo gesto auténtico en 597 días de campaña.

No creo que estemos en la era de la post verdad. Tampoco creo que Facebook mienta o sea fiel a los hechos. Facebook solo muestra más rápido, con más frecuencia, más ángulos, más imágenes, más clips. Pero manipulación y propaganda han existido siempre. Fake news circularon desde el primer correo de noticias. Ya Julio Cesar entendía como nadie el poder del espectáculo y la distorsión de la información. Lo único nuevo es la vorágine, el volumen y la velocidad de la exposición.

Cuando un personaje como Trump logra abrirse camino en medio de esa selva a punta de mostrarse casi pornográficamente esperpéntico -pero con la gran virtud de no pretender tener virtudes que no tiene-, en vez de apuntar con el dedo al mensajero Facebook más vale preguntarse qué habrá representado Hillary para los votantes que estaba tan, pero tan devaluado. Y, lamentablemente, sería difícil afirmar que mi candidata representaba la verdad.

Paula Recart, Socia de la Agencia Felicidad y líder de Ashoka en Estados Unidos.

sábado, 29 de abril de 2017

Big Data: la revolución de los datos masivos.


Lo conocen en la academia de las TICs por haber creado el primer estudio que estimó cuánta información hay en el mundo, cifras que acá comenta en un castellano aliñado con modismos chilenos, tecnicismos gringos y erres alemanas. Martin Hilbert (39), Doctor en Ciencias Sociales y PhD en Comunicación, es alemán, pero vivió largos años en Chile como funcionario de la Cepal. Hoy trabaja en la Universidad de California, es el asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y vive a cuarenta minutos de Silicon Valley, donde un futuro inevitable toma forma. En esta entrevista, no apta para amantes de la vida retirada, explica cómo el Big Data permite a la información interpretarse a sí misma y adelantarse a nuestras intenciones, cuánto saben las grandes empresas de nosotros, y lo que más le preocupa: lo fácil que está siendo convertir la democracia en una dictadura de la información, haciendo de cada ciudadano una burbuja distinta. También habla sobre la posibilidad de que la inteligencia artificial llegue a generar una conciencia superior. Cree que eso va a ocurrir, pero no hay que tener miedo: “No va a ser Terminator contra nosotros”.

¿Cuánta información hay en el mundo?
–La última vez que actualicé este estudio, hace dos años, había 5 zetabytes. Un ZB es un 1 con 21 ceros, lo cual no te dirá mucho. Pero si tú pones esta información en libros, convirtiendo las imágenes y todo eso a su equivalente en letras, podrías hacer 4500 pilas de libros que lleguen hasta el sol. O sea, hay mucha información.

¿Y a qué ritmo está creciendo?
–A un ritmo exponencial. Se duplica cada dos años y medio. Entonces, ahora probablemente son 10 ZB.

O sea, ocho mil pilas de libros que llegan al sol.
–Ocho o nueve mil pilas, sí. Piensa en esto: desde el 2014 hasta hoy, creamos tanta información como desde la prehistoria hasta el 2014. Y lo más impresionante, para mí, es que la información digital va a superar en cantidad a toda la información biológica que existe en el planeta. La vida es procesamiento de información, ¿no? Toma del ambiente moléculas normalmente muertas, toma fotones del sol, y los convierte en estructuras complejas de información con un código base que es el ADN. Y ya existe más información digital que código genético humano. Aun contando cada copia de ADN en las trillones de células de cada persona en el mundo, en la humanidad hay como 1 ZB de información. Y durante este siglo, la información digital va a superar a toda la información genética que existe en la biósfera. Todo lo cual lleva a muchas preguntas sobre el futuro de la humanidad, ¿no?

Parece que la pregunta existencial más importante va a ser cómo interpretamos tantos datos.
–Y la respuesta es que la única manera de interpretarlos es con máquinas también. Este procesador [apunta a su cerebro] no aguanta eso, sabe hacer otras cosas. Ahora, lo bueno es que la información crece muy rápido, pero nuestro poder de computación crece tres veces más rápido. Se duplica en menos de un año. Porque la tecnología siempre es mejor pero también porque tenemos muchas más máquinas, ¿no? Tú mismo tienes ahora un celular, un computador, etc., que interpretan muchos datos por ti. Y ahí viene toda la cuestión de la inteligencia artificial [en adelante, IA] y el Deep Learning, que ahora es lo más importante.

¿Qué es el Deep Learning?
–Es la manera como se hace la IA hoy en día. Son redes neuronales que funcionan de manera muy similar al cerebro, con muchas jerarquías. Todo esto que hacen Apple y Google y todas las Siri en el teléfono, todo usa Deep Learning. Es una IA súper poderosa que descubrimos hace cinco años y ya todo el mundo la usa, porque es muy superior a todo lo que habíamos encontrado.

Y la otra pregunta existencial, ¿qué tan espiados estamos?
–Nooo, ¡súper espiados! Todo está espiado. Y es muy interesante, porque después de Edward Snowden la gente dijo: “¡Qué es esto, pueden ver mis fotos desnudo! Ya, bueno, qué tanto”. Nadie se fue a protestar a la calle, la cosa siguió tal cual. La NSA confesó que hizo un par de cosas demasiado ilegales y bueno, esas cosas se arreglaron. Pero las otras no, y cada vez te van a espiar más. Yo no digo que esto sea bueno o malo, pero la gente tiene que saber. Y si la gente sabe que está espiada y no le importa, está perfecto. Ahora, la pregunta delicada es qué pasa si esos datos llegan a las manos de alguien que pueda abusar de ellos. En Silicon Valley no están muy contentos con que sus herramientas ahora las pueda usar Donald Trump. Están muy decepcionados, la verdad.

¿Qué cosas de nosotros se pueden saber de un momento a otro?
–De partida, dónde estás y dónde has estado. Si tienes Gmail en tu celular con wifi, puedes ver en Google Maps un mapa mundial que muestra dónde estuviste cada día, a cada hora, durante los últimos dos o tres años (ver www.google.com/maps/timeline). Es una información que tú les permites coleccionar al aceptar los términos de licencia cuando instalas la aplicación.

Lo que uno nunca lee.
–Exactamente. Y en muchos casos tú puedes optar que no lo hagan, pero nadie se fija. Ahora, lo interesante es que con estos datos de movilidad se pueden hacer estudios. Y ya sabemos, por ejemplo, que se puede predecir con casi un 90% de probabilidad dónde vas a estar tú en cada momento de cada día del año que viene. Imagínate lo que vale esa información para una empresa que hace marketing, por ejemplo.

Cuentas que en África el celular hizo lo que nunca pudo hacer el certificado de nacimiento. La huella de que una persona existe es su teléfono.
–Claro, es súper poderoso. Es tu verdadera huella digital. Y África es el caso extremo, pero piensa en América Latina, donde hay tanto orgullo por los censos. El censo de Chile ahora fue un desastre y era una tragedia, ¿no? Pero con los datos de tu celular, si uso solamente lo que se llama metadata, o sea sin escuchar tus conversaciones ni saber con quién hablas, sino sólo con qué frecuencia y con qué duración usas tu celular, con eso yo puedo hacer ingeniería reversa y reproducir el 85% de tus resultados de un censo: si eres hombre o mujer, cuál es tu rango de ingresos, si tienes niños, si estás casado, tu origen étnico…

¿Sólo conociendo la frecuencia y duración con que uso mi celular?
–Sí. El censo que hacen cada 10 años, que es tan costoso y tan importante, lo puedo reconstruir en un 85% con esos dos datos. De eso se trata el Big Data: tenemos tantos datos y tanta capacidad de procesarlos, de identificar correlaciones, que podemos hacer a la sociedad muy predecible. Y cuando puedes predecir, puedes programar.

Y en el caso de las empresas de Internet que nos prestan servicios gratuitos, ¿qué tan importante es para su negocio la información que tienen de nosotros?
–Todo, eso es todo lo que tienen. Facebook vale billones de dólares por la información, no por otra cosa. De las diez empresas del mundo tasadas a un precio más alto, yo creo que cinco son proveedoras de información. Y la gente siempre dice “no, hay que regular todo eso, proteger a los usuarios”. Pero la demanda más extrema que he escuchado en todas esas conferencias donde voy, es que necesitamos derechos de propiedad de datos, como los de propiedad intelectual, para que tú puedas vender tus datos y no regalarlos. Y yo voy con este reclamo donde mis amigos en Silicon Valley y me dicen “pero hueón, ¡si ya lo estamos haciendo! Tú sigues siendo dueño de tus datos, pero aceptas que yo también lo sea al aprobar los términos de licencia. Y a cambio puedes usar Google Maps gratis y te ahorras una hora de taco al día, ¿no es fantástico?”. Ahí llegamos al fin de la discusión, no hay nada más que hacer. Incluso ante las propuestas más progresistas, Silicon Valley ya tiene respuesta. Y la verdad es que la gente se beneficia tanto de eso que no le molesta.

También las empresas telefónicas, que uno supone que sólo nos cobran el plan, hacen buena plata con nuestros datos, ¿no?
–Claro. Por ejemplo, Smart Steps es la empresa de Telefónica que vende los datos de la compañía. Si tú tienes Movistar, tus datos están ahí vendidos.

¿A quién le sirven?
–¡A mucha gente! Si tú quieres abrir una tienda de corbatas en una estación de metro, te vale mucho saber cuántos hombres caminan en cada salida del metro, entonces compras estos datos de Telefónica. Y también los puedes usar en tiempo real: saber a qué hora pasa la gente, e incluso si se detiene o no a ver el anuncio de oferta que pusiste afuera. Y lo más impresionante es que esto convirtió a las ciencias sociales, de las que siempre se burlaron, en la ciencia más rica en datos. Antes tenías que hasta negociar con diplomáticos para que te prestaran una base de datos de cien filas por cien columnas. Y en las universidades hacían experimentos con 15 alumnos de pregrado, que necesitaban créditos extra para pasar el ramo, todos blancos, todos de 18 años, y decían “miren, así funciona la psicología humana”. ¡De adónde! Nosotros nunca tuvimos datos, y por eso nunca funcionaban las políticas públicas. Y de la noche a la mañana, el 95% de los sujetos que estudiamos pasó a tener un sensor de sí mismo 24 horas al día. Los biólogos siempre dijeron “eso no es ciencia, no tienen datos”. Pero ellos no saben dónde están las ballenas en el mar. Hoy nosotros sí sabemos dónde están las personas, pero también sabemos qué compran, qué comen, cuándo duermen, cuáles son sus amigos, sus ideas políticas, su vida social. Se puede abusar también, como Obama y Trump lo hicieron en sus campañas, como Hillary no lo hizo y por eso perdió. Pero el gran cambio es que estamos conociendo a la sociedad como nunca antes y podemos hacer predicciones con un nivel científico. ¡Lo de antes era arte, no era ciencia!

Entiendo que algunos estudios ya han logrado predecir un montón de cosas a partir de nuestra conducta en Facebook.
–Claro, esos son los datos que Trump usó. Teniendo entre 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, tu origen étnico, tus opiniones religiosas y políticas, tu nivel de inteligencia y de felicidad, si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo. Este estudio lo hizo Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección.

¿Qué hizo con eso?
–Usaron esa base de datos y esa metodología para crear los perfiles de cada ciudadano que puede votar. Casi 250 millones de perfiles. Obama, que también manipuló mucho a la ciudadanía, en 2012 tenía 16 millones de perfiles, pero acá estaban todos. En promedio, tú tienes unos 5000 puntos de datos de cada estadounidense. Y una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar. Por ejemplo, en el tercer debate con Clinton, Trump planteó un argumento, ya no recuerdo sobre qué asunto. La cosa es que los algoritmos crearon 175 mil versiones de este mensaje –con variaciones en el color, en la imagen, en el subtítulo, en la explicación, etc.– y lo mandaron de manera personalizada. Por ejemplo, si Trump dice “estoy por el derecho a tener armas”, algunos reciben esa frase con la imagen de un criminal que entra a una casa, porque es gente más miedosa, y otros que son más patriotas la reciben con la imagen de un tipo que va a cazar con su hijo. Es la misma frase de Trump y ahí tienes dos versiones, pero aquí crearon 175 mil. Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar.

¿Y qué hizo Obama?
–Obama fue como el pionero en esto. En la campaña de 2012, para su reelección, invirtió en esto mil millones de dólares, mucho más que en comerciales de TV. Y con eso contrató a un grupo de cuarenta nerds, de Twitter, de Google, de Facebook, de Craigslist, tres profesionales de póker, otro que trabaja con células madres, en fin. A esos cuarenta nerds los puso en un subterráneo, les dio mil millones de dólares y un número para el servicio de pizza, ¿no? Y ahí en el subterráneo crearon los 16 millones de perfiles que les interesaban, los votantes indecisos. Sacaron datos de todos lados. Incluso tuvieron acceso a las Setup-Boxes, lo que sería el DirectTV en Chile, que registra cómo tú ves televisión. Si tienen acceso a eso, ya saben lo que te interesa, y empezaron a llevar comerciales individualizados. Lo más delicado es que no sólo pueden mandarte el mensaje como más te va a gustar, también pueden mostrarte sólo aquello con lo que vas a estar de acuerdo. Si Obama tiene sesenta compromisos de campaña, puede que 58 te parezcan mal, pero al menos con dos vas estar de acuerdo. Digamos que estás a favor del desarrollo verde y a favor del aborto. Bueno, empezaron a mostrarte en Facebook sólo estos dos mensajes.

¿Con avisos publicitarios?
–No, lo hicieron más sofisticado. Como algún amigo vas a tener que hizo un like a la campaña de Obama, ese like les dio acceso a los perfiles de todos sus amigos –esto también va en la licencia que nunca leemos–, entonces podían ver tu historial y clasificarte. Y además tenían acceso a postear desde el timeline de tu amigo, porque esto también está permitido. Él no lo ve, Facebook no se lo muestra, pero tú sí vas a ver muchos artículos así como “Obama el héroe de la energía alternativa”, “Obama el héroe del aborto legal”. No son propagandas de la campaña, son artículos de prensa bien elegidos. Y si tú por medio año ves “Obama héroe” de estas dos cosas que te gustan, al final vas a decir “oye, tan mal no está este Obama”. Bueno, en 2012 le cambiaron la opinión al 78% de la gente que atacaron así. Y Trump lo hizo con 250 millones. Creo que George Orwell se metería un tiro, porque ni él se imaginó algo así. La democracia es completamente inútil con algo así.

En un artículo explicabas que también los call center de Estados Unidos te clasifican mientras hablas, y cuando vuelves a llamar te derivan a un empleado con una personalidad afín a la tuya.
–Así es. El que habla contigo no lo sabe, ¿no? Una vez conté esto en una conferencia y uno de mis estudiantes, la próxima vez que llamó a un call center, le dijo “¡oye hueón, deja de clasificarme la personalidad!”. El otro no entendía nada, ¡ja, ja, ja! El trabajo lo hacen alrededor de diez mil algoritmos que te escuchan hablar y clasifican tu personalidad en seis diferentes cajas. La última vez que hablé con esta compañía, me dijeron que ya el 30% de las llamadas a los call center de Estados Unidos están intermediadas así. Y ya hay sistemas que les dan inteligencia en tiempo real: el tipo está ahí con un monitor que le dice “ahora es el momento de ofrecerle tal cosa”, “ahora ya no”. Pero eso es reciente, por ahora lo más común es que te dejan clasificado. Y todo esto, al final, ¿a qué nos lleva? A crear burbujas, en todos los niveles.

¿Cómo así?
–Que la gente emocional sólo hable con gente emocional, la gente de acción con la gente de acción, los reactivos con los reactivos. Hablamos mucho de que ahora los demócratas no hablan con republicanos, pero esta fragmentación de la sociedad en subgrupos va mucho más allá de la política. La verdad, es una cosa triste. Pero no es culpa de la tecnología, es la manera en que la usamos hoy día. Toda tecnología es normativamente neutral, tú puedes usar un martillo para colgar un cuadro o para matar a tu vecino. Lo mismo con la tecnología digital: podríamos usarla para unir gente, para mezclar gente de opiniones opuestas, pero no lo estamos haciendo.

Y más rezagada aún queda la democracia, incapaz de mediar entre tanta información fragmentada. No hay denominador común.
–Claro, el Big Data permite poner a la gente en muchas más cajas que antes no veías, es un arma de fragmentación muy poderosa. Sí, esa es una amenaza. Esto de la privacidad y el comercio no es el gran problema, la gente tiene razón en no preocuparse tanto. Es útil que las chicas reciban comerciales sobre la píldora y los chicos sobre condones, ¿no? Ahora, Big Data para la democracia representativa… ahí termina. Tú sabes que la democracia siempre estuvo muy ligada a las posibilidades informacionales que tenía cada sociedad. Aristóteles fue muy claro en decir que la democracia no podía ir más allá de un radio de 70 km, porque la información no podía viajar más que eso en un día. Por eso la democracia griega fue para una ciudad. Y en Estados Unidos, ¿por qué crearon las primarias, los colegios electorales por cada Estado y todo eso que conocemos? Porque el viaje en caballo de costa a costa tomaba una semana. Como no había acceso a la gente y la gente tampoco estaba informada, se necesitó todo este constructo representativo. Pero con la tecnología actual, este constructo está completamente abusado y tiene potencial para constituirse en una dictadura informacional, esto hay que decirlo abiertamente. Esto es lo que más me preocupa. La democracia representativa de esta manera no funciona.

Obligados a pensarla de nuevo…
–La verdad es que tenemos que repensarla completamente. Y ya tampoco podemos ignorar que las redes digitales son globales. O sea, personas que están a miles de millas se pueden ofender con una información que les llega y presentarse en la redacción de una revista para matar a los dibujantes. Es que todo esto pasó muy rápido. Llevábamos miles de años separados en diferentes culturas y nos tuvimos que conocer en un par de décadas. En el Islam dijeron que no quieren ver mujeres desnudas, y un día llegamos nosotros con el TV cable y les forzamos a mirar las tetas de Pamela Anderson. Y nosotros no entendemos por qué ellos pueden tener dos esposas. Entonces, si la información fluye globalmente, ¿hasta dónde podremos prescindir de una gobernanza global? No lo sé. Pero esto va a ser un camino de ensayo y error, como siempre ocurrió con la tecnología. Ahora vimos que Facebook, después de la elección de Trump, empezó a limpiar sus fake news, estas noticias mentirosas. Hace tres meses decían “no, nosotros no somos editorial”, y ahora están sacando cosas. Ya es un comienzo.

Y los Estados, ¿están sabiendo aprovechar el Big Data para las políticas públicas?
–No, están muy atrás todavía. Pero tienen una oportunidad muy grande. Se estima que el Estado posee alrededor de un tercio de los datos de un país, lo que es mucho. ¿Acaso tiene un tercio del poder productivo? Ni loco. El gobierno sabe todo lo que pasa en los colegios, en los hospitales, en los servicios de impuestos, ¡cuánta información hay ahí! Se puede aprovechar mucho más para políticas sociales y económicas, sobre todo en América Latina. Y lo segundo es poner la información que es pública a disposición de la sociedad, lo que se llama el Open Data. Pero ahí estamos aún más atrasados, incluso acá. Por ejemplo, a mí me nombraron Chair of Technology de la Biblioteca del Congreso, que en EE.UU. siempre fue LA institución de la información. Ellos mismos me invitaron porque se dan cuenta de que perdieron el tren y Google les robó el show en diez años. Y cuando voy allá, veo que todavía podrían recolectar mucha más información, y hacerla pública. Los mapas… ¡el gobierno tiene un montón de mapas! No necesitamos Google Maps, los militares tienen todos los mapas que necesitas. ¿Por qué no los hacen disponibles? Los precios de terrenos, qué tipo de terrenos hay para qué tipo de agricultura, quién es el dueño del terreno, todo esto el gobierno lo tiene y socializarlo podría ser muy productivo. Pero es una buena noticia: si el insumo de esta nueva economía son los datos y el Estado tiene un tercio de ellos, los puede usar para democratizar la economía.

Si es que también se democratiza la capacidad de usarlos.
–Sí, esa será la clave, y todavía no está claro si la disponibilidad de información crea más o menos desigualdad. Pero si en otra época el Estado destinó recursos para llevar la telefonía a las áreas rurales, ahora tendrá que hacerlo para igualar el acceso a Big Data. Son cosas que estamos aprendiendo, aunque los gobiernos ya podrían estar haciendo mucho más.


EL FUTURO ARTIFICIAL

¿En Silicon Valley están muy locos?
–¡Ja, ja, ja! Depende. Algunos, como este alemán Peter Thiel, quien creó PayPal y que ahora está con Trump, él está un poco loco. Pero la verdad es que no son locos, son un poco arrogantes. Pero son arrogantes con justificación, porque realmente cambian el mundo, mucho más que un gobierno. Por eso también les llegó pésimo lo de Trump. Estaban muy enojados, no podían creer que se usó su tecnología para poner a un fascista en el poder. No, la verdad es que todavía están muy confundidos con eso. Bueno, dicen que la caída viene después de la arrogancia.

Algo que cuesta asimilar es que los datos, al crecer tanto, ya se explican a sí mismos, descubren solos sus relaciones causa-efecto. Como el traductor de Google, que se pegó el gran salto cuando le quitaron las reglas de traducción y empezó simplemente a comparar datos.
–Y con eso, además, ya puede traducir entre dos idiomas aunque nadie en el mundo hable esos dos idiomas. Te cuento un caso. ¿Te acuerdas de ese juego para Atari y PC, parecido al pimpón, en que tenías que mover una barrita hacia los lados para achuntarle a una pelota que rebotaba arriba en unos bloques? Y sacabas puntos al ir destruyendo esos bloques.

Sí.
–Bueno. Al DeepMind, un programa de IA que usa el Deep Learning, lo pusieron frente a ese juego y le dijeron “tienes que ganar puntos”. Pero no le dijeron cómo se ganan los puntos. Ni siquiera le dijeron “vas a ver una barrita, una pelota y unos bloques arriba”. Solamente le dieron la capacidad de reconocer pixeles. A los diez minutos, el DeepMind casi no agarraba la pelota, porque no entendía frente a qué situación estaba. Después de dos horas, jugaba al nivel de un experto. Y a las cuatro horas, mejor que cualquier ser humano. Pero no sólo por su precisión técnica, sino porque descubrió una estrategia para ganar que poca gente descubre. Es decir, sólo correlacionando movimientos de pixeles y puntos ganados por azar, llegó a innovar y ser más creativo que la mayoría de los humanos. Es lo mismo que hace la IA con el ajedrez. Se suponía que Go era el juego en que nunca iba a pasar a los humanos, muchísimo más complejo que el ajedrez. Bueno, DeepMind le ganó hace medio año al campeón de Go. Entonces sí, la información se autointerpreta y son mejores que nosotros.

¿Es cierto que las grandes compañías ya toman decisiones sin saber por qué las toman? Sólo porque la IA ve los datos y les dicen “hagan esto”.
–Claro, y está perfecto. Además, las relaciones de causalidad, muy filosóficamente, nunca las podemos conocer. Como decía Popper, sólo podemos descartar causas: tú no puedes saber si realmente X causó Y, sólo puedes comprobar que Z no causa Y. Pero estas correlaciones nos sirven para explicar y predecir. Ahora, si tú cambias el sistema que produjo estos datos, ahí te puedes equivocar muchas veces. Pero ese ya es otro problema.

Pero también sería un problema si, por ejemplo, llegáramos a meter preso a alguien porque su conducta en Facebook, según un programa, predice que es un potencial asesino.
–Sí, pero esto también lo hacen las personas. Si un sicólogo dice que eres un peligro para la sociedad, también te pueden encerrar. Y la verdad es que la IA es muchas veces más exacta que un psicólogo. Al final, el juego con la tecnología siempre ha sido ver cuáles tareas se pueden automatizar y cuáles se quedan con nosotros. Los primeros imperios, por ejemplo, su gran innovación fue hacer canales de agua para sus plantaciones. Así ya no necesitaban usar un tercio de su fuerza laboral en ir cada vez al río y traer agua. Imagínate, qué brutal: un tercio de la gente quedó desempleada. ¿Pero qué hicieron con ellos? A la mitad los convirtieron en soldados y empezaron a dominar a otros pueblos. A otros los hicieron arquitectos y constructores y crearon las ciudades y templos más grandes de la humanidad. Otros se hicieron artistas, otros empezaron a escribir… ¡a escribir, hueón, no tenían nada más que hacer! Y es así como las sociedades han avanzado, ahorrando tiempo y automatizando tareas. Si un robot reconoce células de cáncer, te ahorras al médico. En San Francisco hay una farmacia donde no hay ninguna persona trabajando: yo soy un robot, tú me das una receta, yo te mezclo un poco de este polvo, un poco de este otro, lo pongo en una caja y te lo doy. Además el robot sabe exactamente qué interacción hay entre qué medicamentos, más que ningún farmacéutico. Más del 50% de los actuales empleos son digitalizables, incluso escribir noticias rápidas, como sabrás. Y ya no hablamos de reemplazar a los obreros, como en la revolución industrial, sino también los trabajos de la clase más educada: médicos, contadores, ¡abogados, hueón! Hay una aplicación en el teléfono que te dice cuánto estás obligado a pagar si te divorcias, según los detalles de tu caso. Te ahorraste mil dólares de abogado por pedirle ese estudio. Claro, es brutal. Pero esto ya ha pasado antes y no fue el fin de la historia. Inventaron hueás nuevas tan locas como escribir, que antes nadie tenía tiempo de pensar en eso.

Lo que sí sería nuevo, y es el gran miedo cuando se habla de la “era de la singularidad” que supuestamente viene, es que el robot pase a decidir por nosotros. En el fondo, que nos ganen.
–Claro, es la pregunta: si va a ser “el Terminator contra nosotros”. Mira, la singularidad viene. O ya está acá. Trata de deshacerte de tu celular por un año. Ya estamos fusionados con esta tecnología, como sociedad y como especie. Nuestra distribución de recursos ocurre básicamente en la bolsa, y acá el 80% de las transacciones de la bolsa son decididas por IA. El 99% de las decisiones de la red de electricidad son tomadas por IA que localiza en tiempo real quién necesita energía. Y si tú me dices “mira, Martin, recién descubrimos una especie donde un sistema que se llama IA distribuye el 80% de los recursos y el 99% de la energía”, yo diría “bueno, IA es una parte inseparable de esta sociedad”. Y ya no se puede deshacer, no se puede desenredar. Tú podrías irte a la cordillera, dejar tu celular atrás y nunca más tener interacciones digitales, pero ya no serías parte de nuestra sociedad. Dejarías de evolucionar con nosotros. El punto aquí es que la especie humana ya evoluciona en convergencia con la tecnología, que en algunos aspectos ya es mejor que nosotros… no en todos. De nuevo, la pregunta es qué cosas dejamos a la IA y qué cosas no.

Mientras eso lo decidamos nosotros y no ellos, si aprenden a pensar por su cuenta.
–Sí. Y si me preguntas a mí, digamos, filosóficamente, lo que creo que está pasando es que efectivamente estamos creando una supraespecie, otra especie superior. Pero la verdad es que no tengo tanto miedo de eso.

¿Por qué no?
–A ver… Normalmente entendemos que la selección natural, cuando hay dos especies, elige a una de las dos, la famosa “supervivencia del más apto”, ¿no? Pero también hay ejemplos de simbiosis en que las dos especies se fusionan, y yo creo que en este caso las dos especies se van a fusionar. Pero ya hablamos tanto que no sé si vale la pena explicar todo esto…

Parece que sí.
–Quizás para entenderlo hay que mirar cómo funciona la vida, los sistemas vivos. Como sabes, existen diferentes niveles de abstracción: abajo tienes partículas subatómicas que interactúan para formar átomos; los átomos forman redes para crear moléculas; las moléculas, para crear células, y las células se ponen en redes –cada una con su respectiva pega– para crear organismos. Después los organismos se ponen en redes para crear sociedades. Y ahora, ¿qué viene después? Sociedades que se ponen en red a través de la tecnología para crear algo superior. El punto es que cada uno de esos niveles cree funcionar con sus propias leyes, y no saben que gracias a esas leyes se han formado otras leyes que han creado un nivel superior. Mis células no saben que yo tengo conciencia. Se encuentran y dicen “mira, ahí hay una bacteria, ¿la atacas tú o yo?”. Piensan que son bastante libres, ¿no? Pero los grandes números crean una estadística confiable de que esa bacteria va a ser atacada, y gracias a la estabilidad de esos promedios es que mi sistema tiene la tranquilidad para crear lo que llamamos conciencia. Y lo que creo que va a terminar haciendo la digitalización es convertirnos a nosotros en células de un organismo mayor.

¿Cómo?
–A medida que la IA empiece a organizarnos, a programar a la sociedad. Y va a poder hacerlo porque si bien tú y yo creemos ser muy distintos, el funcionamiento de la sociedad, con los grandes números, consigue promedios muy estables. Entonces este organismo puede sobrevivir, hasta que yo me imagino que va a poder producir una conciencia. Pero nosotros ni vamos a saber que esa conciencia existe. Por eso te digo que no va a ser “Terminator contra nosotros”. Es un supraorganismo con el que nos estamos fusionando, y la digitalización es como el aceite que nos une. La verdad es que normalmente no hablo de esto en entrevistas públicas, pero eso significa para mí la singularidad: estamos convergiendo con la tecnología para crear un ente superior, que se llama sociotecnología, tecnosociedad o como lo quieras llamar.

¿Por qué no te gusta hablar de esto en entrevistas?
–Porque es muy loco, ¿no? Es muy profundo y hay gente que se preocupa más de la cuenta. Prefieren hablar del robot de Amazon que les mandó un paquete equivocado. Nos descoloca que nos hablen de un chip implementado en el cerebro, pero ya todos usamos tecnología para aumentar nuestras capacidades. No es en ningún caso el fin de la humanidad, es la evolución que sigue su camino. Y la manera en que esto ocurra va a depender de nosotros. Entonces nos conviene entender que tenemos por delante una gran responsabilidad, porque nosotros diseñamos las instituciones que van a definir el futuro de estas convergencias.

domingo, 5 de marzo de 2017

Distribución regresiva del ingreso a nivel mundial.


Un estudio de la OIT revela que, en 2016, 132 países (entre ellos la Argentina) enfrentaron “presiones/discursos de necesidad de ajuste fiscal” y 105 realizaron reformas a sus sistemas de pensiones por ese motivo.

El 16 y 17 de febrero se llevó a cabo en La Haya el primer simposio sobre distribución global y economía política detrás del financiamiento externo (AIDSOCPRO, en inglés). ¿En qué medida la ayuda internacional está contribuyendo al progreso de los países en desarrollo? ¿Es significativa esa ayuda en la distribución y re-distribución del ingreso a nivel mundial? ¿Cómo afecta esto a la política social local? ¿Y a políticas productivas? Estas son algunas de las preguntas que los participantes –economistas heterodoxos de todo el mundo– intentaron responder, convocados por el International Institute of Social Studies.

Jan Kregel (Levy Institute), Rob Vos (FAO) y Jimi Adesina (UNRISD) plantearon que la ayuda internacional, especialmente en los países de menores ingresos, más que beneficiarlos, termina fragmentando y condicionando a los gobiernos. Diversos estudios que se presentaron durante la jornada demostraron que en el corto plazo la ayuda puede ser efectiva en algunas variables sociales. Sin embargo, la ayuda se interrumpe si los gobiernos no permiten a los donantes incidir en las decisiones de política local.

Particularmente para Kregel, la forma en que el sistema de ayuda y financiamiento internacional están planteados representa un oxímoron. Los países desarrollados otorgan la ayuda para que los países en desarrollo “vuelvan” a un equilibrio en el que nunca estuvieron. La ayuda llega con la condición de ser utilizada en todo salvo en lo que se necesita (financiamiento de producción local y/o afrontar pagos de deuda). A su vez, aunque el FMI ya no actúe necesariamente como prestador, sí cumple un rol de “garante” para los donantes, exigiendo el seguimiento de sus lineamientos macroeconómicos, ahora plasmados en las “Estrategias de lucha contra la pobreza” de cada país.

La mayoría de los expositores coincidieron en que los países en desarrollo ya cuentan con recursos propios para construir su sendero de desarrollo. Existen muchas fuentes alternativas locales de financiamiento, que no son bien vistas por los donantes pero que también han sido utilizadas en los países desarrollados históricamente: excedentes en las reservas internacionales, reformas progresivas de los impuestos, mayores gravámenes a los recursos naturales así como sostener déficits fiscales cuando sea necesario.

Ajuste

Isabel Ortiz (OIT) compartió su investigación global en la que demuestra que la gran mayoría de los países sí tienen espacio fiscal para invertir en protección social y desarrollo si consideran estas fuentes. Sin embargo, reconoció que estamos frente a una nueva ola de hostigamiento hacia ellas. En 2016, 132 países (entre ellos la Argentina) enfrentaron “presiones/discursos de necesidad de ajuste fiscal” y 105 realizaron reformas a sus sistemas de pensiones por tal motivo.

Además, el trabajo de Ortiz demuestra que, a pesar de las ayudas, el flujo de riqueza que va de sur a norte sigue siendo mucho mayor que el registrado de norte a sur. En 2014, el resultado neto del flujo financiero del “global south” fue de 970 mil millones de dólares a favor de los países desarrollados,que se fueron en forma de pagos de servicios de deuda, remisión de utilidades e inversiones en mercados de capital.

Por su parte Jomo Kwame propuso volver a centrar el foco de la distribución global del ingreso en el comercio y la propiedad. Para el economista malayo, la tesis Prebisch-Singer sobre precios internacionales sigue más vigente que nunca, agregando que hoy los términos de intercambio también son decrecientes para los productos industriales estandarizados como los que se producen en el sudeste asiático. Además, planteó que, si el origen de la desigualdad reside en la propiedad, la redistribución global tiene que ser entonces sobre la misma.

Hablar de redistribución también es hablar de impuestos y su evasión a nivel mundial. Manuel Montes (South Center) planteó que el sistema global de impuestos posee todavía una configuración colonialista y que hoy carece de sentido no pensarlo a escala internacional. En ese contexto hay que prestar especial atención al sistema de patentes como principal fuente de ingresos de la propiedad del futuro y a los paraísos fiscales que transforman “billones en millones”. Los Panamá Papers demostraron la debilidad de los planes propuestos por la OCDE contra la erosión de la base tributaria, ya que estos no abordan los principales problemas que tienen los países en desarrollo para cobrar impuestos a las multinacionales.

Argentina

Durante las exposiciones, la Argentina fue puesta como ejemplo varias veces. Se resaltó positivamente el avance que el país tuvo en la última década en materia de impuestos corporativos, en la extensión de la protección social y en el uso de financiamiento interno para el desarrollo. Sin embargo, también fue ejemplo por los malos motivos, a la hora de describir cómo el resucitado discurso conservador sobre la corrupción “natural” del Estado y la necesidad de ajuste está siendo aplicado de manera simplista para recortar las posibilidades de desarrollo. Se puso en duda la “insostenibilidad” que el gobierno dice enfrentar: ¿Cómo puede ser que un país rico en recursos y con un gran espacio fiscal como Argentina está diciendo que no alcanza a financiar la seguridad social?

Jan Kregel puntualizó además que el gobierno argentino realizó durante 2016 un conjunto de políticas (fuerte devaluación, ajuste indiscriminado de tarifas y eliminación de las retenciones) que al haber sido aplicadas de manera simultánea tuvieron un profundo impacto recesivo. Hoy el gobierno está esperando inversiones que no llegarán con un nivel de consumo y actividad aplastados por el propio modelo aplicado.

Lucía Cirmi Obón, Economista UBA. International Institute of Social Studies, La Haya, Países Bajos.
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