domingo, 24 de diciembre de 2017

Londres asigna una libra por soldado para celebrar las Navidades en Kabul.


El Ejército inglés tiene 500 efectivos estacionados en Kabul, capital de Afganistán, dentro de la misión bautizada Apoyo Decidido (Resolute Support), liderada por el Pentágono (EE.UU.) Este contingente, al igual que millones de personas del mundo occidental, celebra estos días la Navidad y los festejos, lógicamente, conllevan algunos gastos.

Este gasto debe asumirlo el Ministerio de Defensa, que a juzgar por una revelación de The Sunday Times, no se ha estirado mucho. 500 libras esterlinas (menos de 670 dólares) es lo que ha asignado Londres para costear la organización de la fiesta de Navidad.

Los militares se sintieron indignados al enterarse del presupuesto para su Nochebuena. "No nos dan ni siquiera para tomar un café", recoge el diario. El color de la noticia termina de revelarse cuando se destaca el contraste entre el enfoque británico y el estadounidense, para contar que Washington envió a sus soldados en suelo afgano ocho abetos, múltiples patos, decoraciones y regalos, además de organizar para ellos una proyección especial colectiva de la nueva película de Star Wars.

Alepo (Siria) festeja la Navidad después de 5 años.


La ciudad siria de Alepo festeja por primera vez la Navidad desde el comienzo de la guerra (hace cuatro años). En su primera aparición pública desde que las fuerzas de su régimen recuperaron la ciudad norteña de Alepo de los rebeldes, el presidente sirio Bashar al-Assad y su familia visitaron un convento al norte de Damasco el día de Navidad. Las imágenes de la televisión estatal siria (Euronews) muestran a Assad reuniéndose con monjas y huérfanos vestidos con trajes de Santa. El ejército sirio tomó los últimos enclaves controlados por los rebeldes la semana pasada, cuando los rebeldes y civiles fueron evacuados.



A los cristianos de Alepo se unieron el patriarca ortodoxo John Yazigi de la Iglesia de Antioquía de Damasco, quien dirigió la misa. Años de enfrentamientos y bombardeos han dejado a la ciudad en ruinas, un caparazón de la bulliciosa ciudad que solía ser. El viernes (22.12.2017), los líderes de Rusia, Irán, Turquía y Siria acordaron con la capital kazaja, Astana, como sede de nuevas conversaciones de paz.




viernes, 15 de diciembre de 2017

Nick Hanauer censurado en TED: "Los ricos no crean empleo"



"Es asombroso como una idea puede dar forma de manera significativa a una sociedad y sus políticas, incluyendo a esta: "si los impuestos a los ricos suben, la creación de empleo bajará". Esta idea es una cuestión de fe para los republicanos", dice Nick Hanauer.

Oir esto en estos días de macrismo explícito en Argentina es tarea para Jaime Durán Barba y muchos votantes PRO. La idea de impuestos a empresarios como medida antiempleo es presentada como axioma por todo gobierno neoliberal como el que actualmente ejerce en Argentina.

Fue en Marzo de 2012. El fundador de Amazon y gear.com, Nick Hanauer, uno de los inversores más importantes de Estados Unidos, apareció en la conferencia organizada por el T.E.D. siglas del "Technology Entertainment and Design" o ante un público formado por algunos de los más importantes empresarios estadounidenses y afirmó: "Si es verdad que mantener bajos los impuestos de los más ricos produjese más puestos de trabajo, hoy en día estaríamos saturados de ofertas de trabajo". Sin embargo, no ha sido hasta hace unos días que el popularmente conocido como TED, reputado organismo dedicado a la organización de charlas dirigidas a las elites, decidió no publicar el vídeo de su participación, al considerarlo inapropiado, polémico y partidista.

En su conferencia, Hanauer defendía el aumento de los impuestos entre las clases más pudientes de Estados Unidos, ya que no son ellas sino la clase media, emprendedora y consumidora al mismo tiempo, la que produce más puestos de trabajo. "He comenzado o ayudado a empezar docenas de negocios y he contratado a montones de gente. Pero si nadie hubiese tenido dinero para comprar lo que ofrecíamos, todos estos negocios habrían desaparecido y con ellos, los puestos de trabajo", señalaba el inversor. "Eso es por lo que puedo decir con confianza que los ricos no crean trabajo ni hacen negocios, ni grandes ni pequeños".

¿Qué hace especial el caso de Hanauer? Que se trataba de un inversor de éxito, aplaudido unánimemente por sus grandes logros, dirigiéndose a un público formado por grandes fortunas. Y que, por si fuera poco, apelaba a su propia experiencia como empresario para justificar una mayor igualdad fiscal.

Sin embargo, bajo el hipotético rupturismo de Hanauer, no se oculta un revolucionario reparto de la riqueza ni un ataque indiscriminado a los dueños del capital, sino precisamente un camino de salida ante la crisis que, según él, pasa por fortalecer las clases medias y bajas en cuanto que son las que consumen los productos que los empresarios crean para ellos. Y a pesar de esto, gran parte del público se sintió aludido, señalado y molesto por las afirmaciones del licenciado en Filosofía por la Universidad de Washington.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Zygmunt Bauman: La crítica como llamado al cambio.



Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo polaco, es uno de los pensadores más representativos de la actual crítica de la cultura, Tras la invasión nazi, su familia se refugió en la zona soviética y se alistó en el ejército polaco, que liberaría su país junto a las tropas soviéticas. 

Fue miembro del Partido Comunista hasta la represión antisemita de 1968; la consiguiente purga le obligó a abandonar su puesto como profesor de filosofía y sociología en la Universidad de Varsovia. Desde entonces enseñó sociología en Israel, Estados Unidos y Canadá y fue profesor emérito en la Universidad de Leeds. 

Su pensamiento se ha movido desde la especificidad del análisis del movimiento obrero hasta la critica global de la modernidad. Autor de una obra abundante, entre la que se encuentran libros fundamentales de la sociología contemporánea como La vida líquida, Vida consumo, El arte de la vida, Miedo líquido, y tantas otras obras. Falleció el 9 de enero de 2017 a los 91 años de edad.

martes, 5 de diciembre de 2017

Bolivia y Chile pelean por el mar.


El acceso de los países al mar ha sido y sigue siendo una cuestión controvertida. Algunos autores consideran que la salida al océano es un factor determinante a la hora de explicar por qué algunos países que carecen de costa se encuentran en desventaja respecto de aquellos otros que sí poseen costa. En cambio, para otros autores la situación de desventaja de las naciones sin litoral respecto de aquellas que sí lo tienen se debe no sólo a su “enclaustramiento”, sino también a otros elementos como su fortaleza institucional.

Ahora bien, con independencia de si la salida al océano es o no el factor que determina que un Estado sea menos próspero que sus vecinos de la costa, lo cierto es que para uno de estos países enteramente rodeados por tierra, Bolivia, la “mediterraneidad” es una cuestión central. Este país nunca ha dejado de mirar hacia el mar y por ello mantiene un diferendo con la vecina Chile que se ha convertido en uno de los asuntos de más compleja resolución en América Latina.

El origen del diferendo

Entre 1879 y 1884 tuvo lugar un conflicto armado que enfrentó a Chile con Perú y Bolivia, conocido como la Guerra del Pacífico. Este conflicto, cuyo detonante fue la explotación de los nitratos, terminó con las provincias peruanas de Tarapacá y Arica y los territorios bolivianos del Departamento del Litoral en manos de Chile.

Las relaciones entre este último y Perú fueron restablecidas inmediatamente por el Tratado de Paz suscrito en Ancón el 20 de octubre de 1883, en virtud del cual ambos países acordaron que Tarapacá y Arica quedarían bajo control chileno durante diez años y que, expirado este plazo, un plebiscito decidiría la pertenencia definitiva de esos territorios a uno u otro Estado. Sin embargo, en el caso de Bolivia y Chile no ocurrió lo mismo, ya que estas naciones no firmaron la paz definitiva sino que sólo suscribieron un Pacto de Tregua en 1884 que ponía fin a las hostilidades, pero dejaba los territorios bolivianos del Departamento del Litoral ocupados por las fuerzas chilenas.

Esta nueva realidad, que suponía la “asfixia” de Bolivia porque se le negaba una salida al Pacífico, requería una solución que evitara mantener encendido un foco de pugna en los siglos venideros. En este contexto, en 1885 ambos países intentaron alcanzar un arreglo mediante la firma de un acuerdo de paz y amistad, otro de comercio y otro de transferencia territorial en el que Chile se comprometió a entregar a Bolivia las provincias peruanas cautivas, si el plebiscito que se iba a celebrar sobre el destino de ambas le era favorable. Sin embargo, este intento de cesión que Chile veía con buenos ojos porque consideraba que estos territorios adyacentes a Bolivia eran su salida natural al mar, no llegó a producirse porque Perú, que mantenía la expectativa de recuperar sus territorios perdidos, no estaba dispuesto a aceptar tal acuerdo y alegó que Chile no poseía titulo jurídico alguno sobre estas provincias para realizar tal ofrecimiento a Bolivia.

Posteriormente, tras este intento frustrado de alcanzar un arreglo, llegó la paz definitiva entre ambos países. Así, el 20 de octubre de 1904 las autoridades bolivianas y chilenas suscribieron un Tratado de Paz, por el cual el primero entregaba al segundo su litoral a perpetuidad y este a cambio adquiría una serie de obligaciones para compensar al primero, entre las que sobresale la construcción de un ferrocarril que uniera Arica y La Paz, la entrega de 300.000 libras esterlinas o el reconocimiento de libre tránsito boliviano por territorio y puertos chilenos.


De este modo, Bolivia perdía 400 kilómetros de costa y 120.000 km2 de superficie y se convertía en un país sin salida al mar. Sin embargo, a diferencia de otras pérdidas territoriales que tuvo con otros países limítrofes como Brasil y Paraguay, la perdida de la única franja de tierra que lo vinculaba al mar sí tuvo efectos en el imaginario boliviano, pues, pese al acuerdo, el país del altiplano no cejó en su empeño de encontrar un arreglo que le permitiera recuperar una salida soberana al mar.

Las negociaciones entre Bolivia y Chile en el siglo XX

Tan sólo seis años después de suscribir el Tratado de Paz, Bolivia propuso a Lima y Santiago la cesión total o parcial de las provincias peruanas ocupadas por Chile alegando que dichos territorios únicamente tenían utilidad efectiva para Bolivia. Esta petición, similar al arreglo que se planteó en 1885, fue rápidamente desechada, ya que no conllevaba ninguna obligación jurídica a ninguno de los Estados involucrados y se encontró una vez más con la oposición peruana que alegaba que mantenía sus títulos jurídicos válidos sobre esos territorios bajo control chileno y que no tenía intención de cederlos voluntariamente y también con la incapacidad chilena, que al no gozar de soberanía territorial sobre las provincias peruanas que ocupaba, estaba impedido a otorgarle esos territorios a Bolivia.

Tras el fracaso de esta proposición por la negativa peruana, Bolivia y Chile suscribieron en 1920 el Acta Protocolizada, por la cual ambos países se comprometían a que Bolivia tuviese salida al mar al norte de Arica y a que Tacna y Arica quedasen en manos de Chile. Sin embargo, dado que dicho acuerdo suponía de nuevo la violación de la soberanía peruana no llegó a materializarse y Bolivia vio frustrada otra vez su aspiración de recuperar el litoral perdido.

Ahora bien, estos reveses, lejos de disuadir a las autoridades bolivianas de su empeño de conseguir un acceso al océano Pacífico, las “orientaron” hacia su siguiente paso, que consistió en plantear la revisión del Tratado de Paz de 1904 ante la Sociedad de Naciones. Este camino, no obstante, tampoco terminó siendo favorable a los intereses bolivianos, ya que esta organización decidió no involucrarse en el diferendo alegando que no podía modificar por sí misma ningún tratado porque dicha modificación es competencia exclusiva de los Estados contratantes.

Así, tras volver al punto inicial, Bolivia continuó buscando una solución al “encierro” que padecía desde la Guerra del Pacífico. Sin embargo, en este momento sus aspiraciones marítimas se enfrentaban a nuevas complicaciones debido a que en 1929 se produjo la firma de un Tratado entre Perú y Chile, por el cual Tacna quedaba en manos del primero y Arica quedaba en manos del segundo y ambos países se comprometían además a no cerrar sin previo acuerdo entre ellos la cesión a un tercero de los territorios que quedaban bajo sus respectivas soberanías, es decir, Tacna y Arica.


Las autoridades del país “enclaustrado”, pese a estos últimos contratiempos, decidieron entonces iniciar nuevas negociaciones con la vecina Chile con el fin de conseguir el tan ansiado litoral. La primera de estas negociaciones se llevó a cabo entre 1946 y 1952 y en ella se discutió la posibilidad de entregar a Bolivia un corredor al norte de Arica de alrededor de 10 km de ancho y la posibilidad de construir un puerto y usar el ferrocarril Arica-La Paz a cambio de la utilización por Chile de las aguas del lago Titicaca, del río Desaguadero y del lago Poopó. Sin embargo, como era de esperar, este arreglo para dar acceso al océano a Bolivia a través del norte chileno se estrelló ante el veto peruano.


Más tarde, en 1975, se inició otra importante negociación en relación a la mediterraneidad de Bolivia entre los generales golpistas de Chile (Augusto Pinochet) y Bolivia (Hugo Bánzer) que terminaron con la firma del Acta de Charaña en la que se establecía el compromiso de mantener el dialogo en este ámbito. En este contexto Bolivia volvió a plantear un corredor al norte de Arica hasta la Línea de la Concordia y un enclave situado al sur del territorio que Perú perdió a partir del Tratado de 1929 y Chile, que respondió de forma afirmativa la cesión del corredor señalado, reclamó a cambio que se la compensase territorialmente con una superficie equivalente. Esta “réplica” chilena a la propuesta de las autoridades bolivianas fue respondida por estas últimas señalando la necesidad de revaluar el tema del canje territorial. Sin embargo, nada de esto se produjo finalmente y ambos países rompieron relaciones.

Finalmente, en 1987 se inició una tercera negociación importante entre ambos países andinos conocida como la del “enfoque fresco”, en la cual Bolivia presentó una primera propuesta que como en otras ocasiones reiteraba como solución la cesión de un corredor al norte de Arica y una segunda en la que planteaba tres posibilidades de cesión de un enclave sobre el litoral. Sin embargo, en este momento, eventos relacionados con la política interna llevaron a Chile a rechazar de nuevo ambas propuestas.

Por tanto, como se puede ver, ambos países se han sentado a negociar en varias ocasiones, llegando incluso a principios de acuerdo para conceder una salida al mar al país del altiplano que terminaban, por una u otra circunstancia, frustrándose. Ahora bien, aunque desde el punto de vista bilateral Bolivia no ha alcanzado su objetivo, sí cabe destacar que obtuvo un apoyo simbólico a su causa en la Organización de Estados Americanos (OEA), pues en el centenario de la Guerra del Pacífico –1979– la Asamblea General de esta organización aprobó la primera de varias resoluciones en las que declaraba la necesidad de negociar para dar a Bolivia una conexión territorial soberana con el Océano Pacífico.

La cuestión de la mediterraneidad en el nuevo siglo

En el siglo XXI, al igual que en el que acababa quedar atrás, el tema del acceso al océano siguió siendo central para Bolivia. Así, en febrero del año 2000 este país volvía a acordar con la vecina Chile una agenda en la que ambos Estados se comprometían a dejar atrás el enfoque seguido en encuentros pasados. Seguidamente, en 2004, ambas naciones retomaron las negociaciones sobre el litoral y dos años más tarde, el 1 de julio de 2006, suscribieron en La Paz una agenda de trece puntos de interés común que incluía el tema marítimo con la intención concreta de explorar fórmulas que condujeran a un arreglo.

Desafortunadamente, estas conversaciones entre las autoridades bolivianas y chilenas no materializaron ningún acuerdo específico. Como ya había ocurrido anteriormente, se declaró la disposición a analizar propuestas factibles, concretas y útiles, pero nuevamente el paso del tiempo y la falta de resultados llevaron a Bolivia a desconfiar de la actitud chilena en relación al tema marítimo. En este contexto, el presidente Boliviano, Evo Morales, anunció en 2011 la intención de acudir a tribunales internacionales y creó un organismo, la Dirección General de Reivindicación Marítima (DIREMAR), para llevar a Chile ante dichos tribunales en demanda de una salida soberana al Océano Pacífico.

La respuesta chilena a este cambio de dirección boliviano no se hizo esperar, ya que el entonces presidente de Chile, Sebastián Piñera, no sólo afirmó que el Tratado de 1904 fue válidamente suscrito y aprobado por ambos países y fijaba con claridad los límites entre ambos Estados, sino que además manifestó la imposibilidad de dialogar mientras las autoridades bolivianas tuvieran intención de acudir a tribunales internacionales para impugnar dicho Tratado vigente.

En este contexto de distanciamiento y escaramuzas verbales entre ambas partes, Bolivia acabó optando por dar cumplimiento a sus amenazas. Así, el 24 de abril de 2013 el Estado Plurinacional presentó ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya (CIJ) una demanda en la que solicitó que este alto tribunal intercediese ante Chile para que este negociase de buena fe y con eficiencia un acuerdo que concediese al país demandante un acceso soberano al océano Pacífico.

Sin embargo, aunque Bolivia alegó que el detonante para llevar el diferendo por esta nueva dirección era la inefectividad del marco bilateral para conseguir un arreglo, es probable que a la hora de decantarse por la opción del alto tribunal, las autoridades bolivianas tuvieran en cuenta otro proceso judicial que envolvió a Chile y Perú. En él la Corte de la Haya había decidido quebrar el paralelo marítimo en la milla 80 y otorgó a Perú una zona económica exclusiva de 22.000 km2, es decir, se había demostrado que la posición chilena no era invencible.

Ahora bien, con independencia de cuáles fueran las razones que llevaron a este país enclaustrado a llevar su reclamación a los tribunales, lo cierto es que recientemente la CIJ se ha declarado competente –por 14 votos contra 2– para juzgar el reclamo boliviano para que Chile acceda a negociar la cesión de un acceso al mar. Esta decisión, pese a que significa que se rechaza la alegación chilena que defendía que este asunto no se podía tratar en dicho Tribunal, no quiere decir que los jueces estén de acuerdo con la postura boliviana, ya que sólo supone que a partir de ahora se inicia una batalla legal que podría durar años.

Un futuro incierto

En los más de 100 años de diferendo, las relaciones entre Bolivia y Chile en relación al establecimiento de una salida marítima para el primero han pasado, como se ha visto, por distintas fases. Sin embargo, aunque no se puede negar el empeño de ambos Estados de llegar a una solución, tampoco se puede negar que esta fórmula no ha propiciado ningún resultado más allá de las intenciones.

Ahora, tras la presentación de la demanda ante la CIJ por parte de Bolivia, se ha abierto una nueva fase para alcanzar un arreglo para el largo diferendo que tampoco ha conseguido librarse de cierto escepticismo. Por un lado, acudir al CIJ ha conducido la relación entre las autoridades bolivianas y chilenas hacia uno de sus peores momentos. Por otro lado, aunque la CIJ aceptase que Chile está obligado a negociar, ello no resolvería el fondo de la controversia, que es darle el acceso soberano al mar a Bolivia, ya que no existiría la obligación de llegar a ese desenlace mediante la negociación.

Ahora bien, si bien es cierto que acudir a la CIJ ha provocado un distanciamiento entre las partes y que una “victoria” de las tesis bolivianas tan sólo supondría ingresar en una nueva negociación, lo cierto es que, a partir de este punto, también es posible que a ambas partes decidan por fin romper con el tradicional enfoque del acercamiento-retroceso que han mantenido más de un siglo para llegar finalmente a un acuerdo que termine con el statu quo y zanje definitivamente este problema.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Pepe Mujica y el legado de la Unión Soviética.


José Alberto Mujica Cordano (Montevideo, 20 de mayo de 1935),1​ conocido como Pepe Mujica, es un político uruguayo. Fue el cuadragésimo presidente de Uruguay entre 2010 y 2015.

Con un pasado guerrillero en el que integró el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, fue elegido diputado y senador, para posteriormente ocupar el cargo de ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca entre 2005 y 2008. Es el líder del Movimiento de Participación Popular, sector mayoritario del partido de izquierda Frente Amplio.

jueves, 26 de octubre de 2017

El lector emocional.

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Desde que ganó Trump la prensa norteamericana está centrada en las noticias falsas, la propaganda, la desinformación, la supuesta influencia extranjera. Argumentos que señalan a consumidores de noticias como pasivos y desapasionados. Un estudio realizado por Pablo J. Boczkowski y publicado en conjunto con Nieman Lab indica lo contrario: la lectura es estratégica, atenta, emocional y apegada.

Las principales formas en que setenta y dos adultos leen noticias sobre el presidente Donald Trump se identifican con cuatro palabras: estratégica, atenta, emocional y apegada. En un contexto post-electoral mediático centrado en la cobertura de las noticias falsas, la propaganda, la desinformación, la supuesta influencia extranjera y el fracasado deber cívico de las plataformas de redes sociales y motores de búsqueda, los hallazgos preliminares de un estudio en curso revelan que las personas no son ni cognitivamente pasivos ni consumidores desapasionados de noticias. Esto no significa que sean perfectamente racionales o que su pasión no obstaculice conversaciones socialmente productivas. Señala un nivel de agencia que problematiza las visiones distópicas de poderosas agujas hipodérmicas que inyectan un virus de información en un cuerpo político que, de no ser por eso, estaría sano.

Al desplazar el foco de atención de un sofisticado aparato tecnológico que influye en la sociedad desde un imaginario lugar externo hacia las prácticas y sentimientos mundanos de gente común, surge una explicación que revela desafíos culturales de larga data, pero también un posible camino de esperanza.

Dando sentido a las noticias

Durante el último año, la mayoría de los análisis sobre el papel de los medios periodísticos y las redes sociales en las elecciones presidenciales de EEUU de 2016 y los primeros meses de la administración actual han compartido dos características. En primer lugar, se concentraron en qué contenido ha estado disponible, especialmente en términos de información falsa o propaganda (intencional o no) a través de medios tradicionales y digitales. En segundo lugar, cada vez que estos análisis se sustanciaron con evidencia sistemática, por lo general, fue a partir de métricas cuantitativas sobre artículos periodísticos y posteos en redes sociales. La combinación de estos dos rasgos permitió a los analistas documentar la existencia de ciertos tipos de información en el ecosistema de medios y estimar su magnitud relativa.

En cambio, se escribió mucho menos sobre cómo las personas han entendido este contenido de tal manera que aclara sus experiencias cotidianas. Recurriendo a una conocida analogía con la aviación, mientras que la vista de una ciudad desde los 10.000 metros de altura puede generar interesantes patrones urbanísticos, solo a 1 ó 2 metros del suelo podemos apreciar lo que estos patrones significan para los habitantes y cómo realmente lidian con ellos. Las imágenes ordenadas que se ven desde el aire tienden a presentar una visión simplista y determinista que a menudo falla en capturar la realidad más compleja y contingente de la experiencia vivida. La “big data” no es una reflexión agregada de fragmentos de la vida cotidiana, sino una refracción modificada de ellos que podría ser más útil para mapear los contornos de un objeto que para comprender su apropiación social.

Este artículo es un intento de complementar la narrativa dominante con un análisis inicial de entrevistas en profundidad con setenta y dos adultos en las áreas metropolitanas de Chicago, Miami y Filadelfia, llevadas a cabo entre enero y octubre de 2017.[1] Forma parte de un estudio en curso y la muestra no es representativa de la población general. Sin embargo, es diversa en términos de género, raza, etnicidad, nivel educativo, ocupación, orientación ideológica y origen nacional. Lo que surge de este análisis son cuatro mecanismos clave que guían a la mayoría de los entrevistados en su lectura de las noticias sobre el presidente Trump: la selección estratégica, el procesamiento consciente, la interpretación emocional y el apego subjetivo.

Selección estratégica

La mayoría de los entrevistados señalan que tienen muchas posibles fuentes de información en los medios de noticias y las redes sociales, así como artículos dentro de esas fuentes. Hacen su selección de fuentes y artículos de manera estratégica. Las estrategias varían de una persona a otra, pero lo que permanece constante es el uso de alguna práctica de selección que complementa la de los periodistas y algoritmos.

Centrarse en las prácticas editoriales es un vector común de selección estratégica. En algunos casos, ayuda a elegir una organización con base en su orientación ideológica. Joe, un estudiante de raza blanca con inclinaciones republicanas, comentó: “Obviamente Vox es increíblemente liberal y los conservadores se burlan de él todo el tiempo … Si solo estás haciendo un argumento ridículo, entonces estás Voxplicando“. Otras veces, significa mirar los hábitos de publicación de contactos en redes sociales. Ann, una bibliotecaria de raza blanca de unos cincuenta años, dijo que su elección de noticias “está determinada más por las cosas que [publican] las personas cuya opinión respeto… Y cuanto menos publiquen sobre las cosas, más probable es que haga clic en lo que sí publican”.

La afinidad ideológica también juega un papel en la selección estratégica en redes sociales, a veces de maneras complicadas. Sarah, una analista de políticas de raza blanca, de unos treinta años y republicana, compartió que ser novia de un demócrata ha afectado sus rutinas de filtrado: “Nos vamos a casar y … la mayoría de sus amigos son más liberales y yo soy amiga de muchos de ellos también … Tengo menos amigos en Facebook con la misma inclinación política que yo. Entonces, creo que esa es una gran razón por la que me encuentro filtrando [más]”.

El acto de filtrar quizás alcanza su mayor intensidad cuando las personas deciden desvincularse de o dejar de seguir a un contacto en redes. A veces esto aplica a las personalidades públicas. Mark, un investigador de mercado de raza blanca en sus treintas, nos dijo que en Twitter sigue a “Rich Lowry de The National Review … Solía seguir a Laura Ingraham, pero me cansé demasiado, así que dejé de seguir[la]”. En otras ocasiones, esta práctica se aplica a contactos personales, y a veces de manera creativa. Tony, un estudiante de posgrado de ascendencia del sur de Asia, comentó que “Solía dejar de tener como amigos a [contactos racistas] y ahora que esto ha pasado a ser de interés académico para mí, los dejo de seguir, y luego los pongo en una lista de amigos [por aparte] y de vez en cuando me fijo en sus conversaciones políticas … [así] puedo mantenerme al tanto de eso”.

Los comentarios de Tony apuntan al intento de seleccionar las fuentes de noticias de manera que incluya múltiples perspectivas, lo cual fue un tema recurrente en muchas entrevistas. Sam, un empleado administrativo de raza blanca en sus treinta, declaró: “Sigo al Marine Corps Times … no tanto por las historias, sino exclusivamente por los comentarios, porque ahí es donde tienes un gran grupo de veteranos o aliados marinos … Estoy más al tanto de lo que [se habla] a nivel nacional solo porque estuve expuesto a esas personas. Al crecer [en el área de Chicago] estamos en nuestra propia burbuja, pero luego esos cuatro años de servicio activo me abrieron la mente”.

Procesamiento consciente

El comentario de Sam [2] sugiere un nivel de conciencia sobre cómo se procesa el contenido de las noticias. En algunos casos, esto significó una postura reflexiva sobre las fuentes y el contenido de la información a la que una persona opta por exponerse. Daniel, un joven abogado de raza blanca, compartió que ha “llegado a la conclusión de que muchas de las cosas que sigo son extremadamente liberales y no he encontrado la forma de moderar esto. Es realmente negativo y realmente no me hace sentir mejor sobre cómo van las cosas. Pero sí, lo veo y lo reconozco. Probablemente debería tratar de introducir algunos puntos de comunicación más conservadores, pero tampoco logro obligarme a hacerlo [risas]”.

Ofelia, una ama de casa latina de cincuenta y tantos años, cuya fuente de noticias preferida es Fox News, regularmente ve CNN para obtener una perspectiva alternativa. Ella notó una inclinación negativa hacia el presidente en este último medio, y pensó que se debía al hecho de que “es la primera vez que hay un candidato que es más complejo y que las personas ven como controvertido … No les gusta cómo habla o trata los problemas … Así que, esto le da más poder a los medios … [Pero] yo veo más allá de si me gusta cómo él habla o lo que dice … Y no me siento personalmente atacada. A diferencia de las personas que dicen “como mujer, me siento ofendida”, ¡yo no! ¡O como una minoría, tampoco!”

Desde esta postura de reflexividad, los entrevistados compartieron diferentes parámetros que usan para evaluar la calidad de las noticias. David, un corredor de bolsa de raza blanca de unos treinta años, trata de preguntarse a sí mismo al leer un artículo: “¿Están escribiendo cosas que son claramente dogmáticas o intentan ser objetivos? ¿Cuál es el tono de voz de la escritura? ¿Y está tratando de ser sensacionalista? ¿Está tratando de ser, ya sabes, fáctico? ¿Está claramente tratando de presentar opiniones o influir en opiniones? En mi opinión, todo esto tiene que ver con la confiabilidad”.

Cuando la confiabilidad de alguna información está en duda, particularmente si se trata de una historia importante, muchos entrevistados intentaban verificar su veracidad, triangulando con otras fuentes. Esto incluye búsquedas en Google y visitas a Wikipedia y a varios sitios de noticias que se consideran de buena reputación. José, un obrero de Sudamérica, comentó que “lo que estaba sucediendo con Trump [y] las deportaciones … [las personas] publicaron cosas en Facebook que yo diría …’mmm, no sé si es tan cierto’, por lo que busqué en otras fuentes para ver si era verdad”.

Interpretación emocional

La racionalidad adoptada en cuestiones de selección estratégica y procesamiento consciente se complementa con la dimensión afectiva, fundamental en asuntos de interpretación emocional y apego subjetivo.

Las emociones estuvieron omnipresentes en los relatos de los entrevistados sobre sus encuentros con las noticias. Mary, una trabajadora social afroamericana de unos treinta años, habló de cómo recibió las noticias sobre las restricciones de viaje de la siguiente manera: “Me siento muy triste, pero también muy enojada. Hay muchas historias de personas que han sido separadas de sus familias [y] que han pasado por largos procesos para estar aquí, así que no hay ninguna razón para que se les impida regresar al país. En este momento estoy frustrada”.

La interpretación emocional afecta no solo cómo se evalúan los temas, sino también la duración del compromiso con ellos. Lesley, una jubilada afroamericana, dijo que el consumo de noticias “últimamente [toma] unos diez segundos porque la historia principal es sobre Trump y la mayoría de nosotros estamos realmente cansados, de una forma u otra, de escuchar [sobre él] y están sucediendo otras cosas en el mundo”.

A algunas personas las emociones les ayudan a distanciarse de la información de actualidad. Anne, una maestra de yoga de raza blanca de unos cincuenta años, dijo que las noticias sobre el ex jefe del FBI James Comey “son realmente entretenidas. Raya en lo ridículo el que los Demócratas podrían haberlo odiado primero por tratar de … centrar la atención en Clinton y el correo electrónico … a que luego oscilara el péndulo y, en cierto modo, apreciarlo una vez que comenzó a buscar vínculos entre la administración Trump y lo que sucedió con Rusia, relacionado con las elecciones … Es gracioso [risas]. ¡En esta época se tiene que encontrar el humor en las noticias! [Risas]”.

Para otros, hay un fortalecimiento mutuo entre la intensidad de los estados emocionales y el involucramiento con las noticias. Ron, un abogado de raza blanca de unos treinta años, comentó que su padre “escucha la radio conservadora las 24 horas al día, los 7 días de la semana y ve … a [figuras como] los [Sean] Hannity y a la juez Jeanine Pirros y los Lou Dobbs … Realmente creo que se está convirtiendo en un viejo tan amargado, miserable, gruñón que simplemente se sienta en una esquina y odia todo”.

Apego subjetivo

Los comentarios de Ron sobre los hábitos de consumo de noticias de su padre llevan a otro tema transversal: la necesidad percibida de estar constantemente conectado a las noticias, mucho más que en el pasado reciente. Este mecanismo de apego subjetivo define tanto el tiempo que se dedica a aprender sobre los eventos actuales, como la experiencia general de la lectura.

Ralph, un afroamericano jubilado, dijo que “no puedo evitar expresarlo, [pero] todas las mañanas quiero saber qué cosa estúpida [el presidente] ha dicho o hecho hoy”. Agrega que este hábito “se ha acelerado y acelerado y acelerado”. Martha, una profesora universitaria de raza blanca de unos sesenta años, hizo eco de sentimientos parecidos al señalar que se ha “convertido en una especie de adicta a las noticias sobre las últimas novedades de Washington … Nos sorprende cada día y es casi como cuál es la [noticia] bomba más reciente … Nunca antes habíamos tenido una situación política como esa en Washington”.

Este apego subjetivo ocurre incluso cuando el consumo de noticias está ligado a un afecto fuertemente negativo. Rebecca, una voluntaria de raza blanca de unos cincuenta años, reflexionó que “a pesar de que había noticias constantes … no sentía que tuviera que escucharlas todo el tiempo, las 24 horas del día, los 7 días de la semana porque no pensabas en ningún momento … [que] alguna locura iba a suceder. Ahora sientes que cada día hay una nueva decisión y una nueva declaración y un nuevo problema que debes conocer”. Más adelante en la conversación, Rebecca mencionó que recientemente había visto la película Manchester by the Sea, y que “fue un gran alivio ver algo sobre las emociones humanas y luchas humanas a nivel humano que no se trataran de estrategia y de odio, o al menos de odio a nivel político “.

El hecho que ver una película tan devastadora se pudiera experimentar como un alivio, demuestra el poder del apego a las noticias, a pesar de sus asociaciones emocionalmente negativas. Por eso, varios entrevistados compartieron cierta saturación de noticias sobre el presidente Trump y compartieron un deseo de limitar su exposición a las mismas. Jonah, un analista de publicidad de raza blanca de unos treinta años, dijo: “Me estoy tomando un pequeño año sabático simplemente porque ha sido tan pesado con lo que Trump está haciendo”. Lucy, una empleada administrativa de raza blanca también en la treintena, ya había tomado la iniciativa permitiéndose “ver un video de Facebook por día o un video de YouTube por día … Quería … moderar mi entrada de noticias siendo cuidadosa y concienzuda con ella”.

La co-producción de la lectura y la política

La imagen de las personas que surge a partir de esta descripción de sus prácticas de lectura contrasta con las nociones que han marcado muchos comentarios sobre el papel de las noticias y las redes sociales durante y después de las elecciones presidenciales de 2016 en EEUU. Por ende, el enfoque en entidades externas que contaminan el aire simbólico que respiramos ha pintado una imagen de los lectores como pasivamente influenciables por el diluvio de noticias falsas y anuentes a aceptar sin crítica alguna las afirmaciones falsas, siempre y cuando sean consistentes con lo que creen. En las secciones anteriores, hubo mucha evidencia de lectores llevando a cabo prácticas de selección estratégica, procesamiento consciente, interpretación emocional y apego subjetivo. Por más limitadas que hayan sido estas prácticas, como mínimo problematizan los temores de eficacia automática connotados por muchos análisis sobre desinformación.

El análisis de las entrevistas también sugiere que mientras nos mantenemos en alerta sobre la posible intervención externa, también podría ser fructífero dedicar la misma cantidad de energía a interrogar el interior de nuestro tejido social. Como lo ilustra la nube de palabras adjunta, el enojo fue, por mucho, la palabra dominante entre docenas de términos utilizados por los entrevistados para describir sus emociones relacionadas con la lectura de las noticias sobre el presidente Trump. Una razón clave por la cual existe recientemente tanto enojo en torno a las noticias es a raíz del dolor fundamental que generan, ya sea porque las personas están infelices con lo que ven o porque están contentas, pero se sienten incomprendidas y tergiversadas. Las muchas pantallas personales a través de las cuales accedemos más a las noticias -televisores, monitores de computadoras, teléfonos inteligentes y tabletas- se han convertido en una ventana tanto al mundo exterior como en un espejo que nos refleja la interioridad de nuestra alma como sociedad.

Steven Shapin y Simon Shaffer, escribiendo sobre otro momento histórico de gran características disruptivas, argumentaron que “las soluciones al problema del conocimiento son soluciones al problema del orden social”.[3] Usando el término propuesto por Sheila Jasanoff, cómo leemos las noticias, y por lo tanto cómo conocemos nuestro mundo, co-produce lo que queremos saber y el sistema político que queremos construir.[4] La cultura política cotidiana que surge del relato ofrecido en las secciones anteriores combina el conflicto, la incertidumbre, la perplejidad y el dolor. Esto apunta a una serie de desafíos sociales que se están construyendo desde hace mucho tiempo y que, por lo tanto, tardarán mucho en desarmarse o redirigirse. Ningún algoritmo los resolverá porque ningún algoritmo los creó, independientemente de lo útiles que puedan ser en la búsqueda de un sistema político más cordial e inclusivo.

Pero este análisis también reveló la vitalidad de una cultura de lectura crítica y sensible. Una cultura promulgada por personas que intentan validar sus puntos de vista, pero también comprender puntos de vista alternativos. De personas que reflexionan sobre el carácter de lo que leen y sus propios sesgos al hacerlo, incluso mientras permanecen sujetos a su racionalidad limitada. De personas que permanecen inusualmente comprometidas con asuntos de la política, aun cuando se sienten abrumadas e intentan reducir la exposición a la información sobre temas de actualidad. Una cultura cívica tan vibrante da motivos para sentir esperanza, por más audaz que pueda parecer en esta época.

[1] Las entrevistas fueron realizadas por el autor, y un equipo de colaboradoras constituido por Silvina Chmiel, Amy Ross y Celeste Wagner.
[2] Siguiendo las convenciones de la escritura etnográfica, los nombres utilizados en este artículo son pseudónimos elegidos para proteger la privacidad de los entrevistados.
[3] Leviathan and the Air-Pump: Hobbes, Boyle, and the Experimental Life. Princeton, NJ: Princeton University Press, 1985, p. 332.
[4] Science and Public Reason. New York: Routledge, 2012.

Pablo Boczkowski, Anfibia.
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